▷ La sobreprotección infantil: daños del exceso de apego
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La sobreprotección infantil: daños del exceso de apego

Desde el momento de nuestro nacimiento comenzamos a desarrollar una vida social y afectiva. Al inicio somos incapaces de sobrevivir solos. Necesitamos de otra persona que nos cuide y nos proporcione alimento hasta que nuestro cuerpo alcanza un nivel de desarrollo que nos permite cuidar de nosotros mismos. Es en nuestra infancia cuando se comienza a desarrollar el apego.

Bowlby, uno de los principales psicoanalistas, puso en evidencia los efectos negativos que tenía para el bebé la privación materna, concluyendo que, para sobrevivir, los niños necesitan del vínculo afectivo y emocional que proporcionan los progenitores. Sin embargo, un vínculo excesivo puede resultar contraproducente, es lo que entendemos por sobreprotección infantil.

A medida que un niño crece y se desarrolla, necesita ir adquiriendo habilidades y conocimientos que poco a poco le permitan ‘valerse por sí mismo’.

¿Cuándo se protege y cuándo se sobreprotege?

En el momento de nuestro nacimiento somos completamente indefensos. Necesitamos de alguien que nos alimente, nos cambie el pañal, nos lleve al médico cuando estamos enfermos, evite que nos atragantemos, etc. Aunque proteger a los hijos es algo innato en la maternidad, ¿es posible proteger en exceso?

A medida que un niño se desarrolla y va cumpliendo años, va alcanzado hitos en su crecimiento que poco a poco le van permitiendo ser capaz de hacer tareas que hasta ese momento debían realizar los adultos por él, como alimentarse sin ayuda. Es en esos puntos de inflexión cuando se puede producir la sobreprotección.

Según María Montessori, ‘cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo’, y es que, aunque muchos padres a veces tengan miedo de soltar un poco la cuerda que protege a sus hijos por estar con ellos, es vital para que éstos puedan desarrollarse con normalidad que sean quienes experimenten en primera persona las aventuras que tiene la vida a medida que la evolución de su cerebro y de su cuerpo se lo van permitiendo.

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Tipos de sobreprotección

Frenar su desarrollo

“Ser padre o madre no resulta fácil, ya que a veces por miedo a que pueda pasar algo, se tiende a proteger en exceso cuando el niño o la niña ya es capaz de realizar esa tarea por sí mismo”, nos comentan nuestros compañeros psicólogos en la ciudad Mallorca.

Es normal que cuando un bebé comienza a dar sus primeros pasos necesite de la ayuda de alguien o algo que le sostenga erguido hasta que sus piernas sean capaces de soportar por sí solas el peso del bebé y hasta que éste sea capaz de caminar sin caerse.

En este caso, la sobreprotección aparece cuando se intenta evitar que el bebé se caiga o se haga daño, cogiéndole siempre de la mano, aún incluso cuando éste comienza a rechazarla.

Podemos observar este obstaculización incluso cuando son un poco más mayores y quieren ayudar en la cocina.

Muchas veces por miedo de los padres a que el niño pueda quemarse o hacer un destrozo en la cocina, se les frena y no se les deja cocinar, cuando ésta actividad no sólo estimula su creatividad y conciencia de los pasos a seguir, sino que puede resultar hasta divertida.

Sin olvidar que son pequeños y que los pasos que conlleven más riesgo como utilizar cuchillos o los fuegos, deberán hacerlo acompañados de un adulto; poder participar en esta actividad, más cuando sale de los propios niños la iniciativa, fomentará la conexión interneural de sus cerebros en desarrollo, creando mayores asociaciones y preparándoles mejor para el futuro.

Psicología infantil.

¿Qué es y para qué sirve la psicología infantil?

Hacer cosas de las que ellos mismos pueden encargarse

Cuando el niño va creciendo, va empezando a necesitar realizar ciertas tareas por sí mismo.  Aunque al inicio sea difícil y requiera más tiempo del necesario, esta inversión resultará beneficiosa a largo plazo.

Aprender a atarse las zapatillas no es fácil, y en ocasiones para los propios niños resulta frustrante. No obstante, es a base de práctica cómo conseguirán atarse las zapatillas con fluidez y confidencia.

Si son los padres quienes siempre realizan esta tarea por ellos, no tendrán la oportunidad de fallar y aprender de sus errores, lo que incluso puede afectar a su autoestima.

Un exceso de apego se genera cuando, por comodidad o por vergüenza, los niños comienzan a depender más de lo necesario de sus padres.

Aunque el nudo de las zapatillas no les salga bien durante unas cuantas veces, enseñarles a realizar esta tarea por sí mismos no sólo evitará que se genere una sobreprotección, sino que también resulta beneficioso para los padres al poder invertir ese tiempo de atarles las zapatillas, en ponerse por ejemplo el abrigo y así, poder salir antes de casa.

Asumir sus responsabilidades

Este error resulta bastante llamativo especialmente en el paso de la escuela infantil a primaria. Al margen de que durante la etapa de primera infancia tengan que ser los padres quienes preparen la mochila de los niños con muda, la merienda o la bebida, esto puede generar sobreprotección si no les va enseñando a asumir esa responsabilidad.

A pesar de que al principio deban realizar esta tarea con ayuda, y puntualmente puedan obtenerla, prepararse la mochila del día siguiente cada noche les ayudará a ir adquiriendo esa independencia, responsabilidad y constancia.

Otros ejemplos donde los padres tienden a asumir más responsabilidades de las que en cierto momento les corresponde es no darles unas tareas específicas a los niños de las que encargarse, como poner la mesa, hacer su cama todos los días o recoger su habitación.

Estas tareas les darán la oportunidad de desarrollar sus propias estrategias de acción, las cuales les servirán de mucha utilidad a medida que vayan haciéndose adultos.

Evitarles cualquier frustración

Durante el desarrollo infantil, los niños se enfrentan constantemente a diversos problemas al igual que sucede a los adultos, con la salvedad de que los niños no han completado su desarrollo biológico.

Como padres, se quiere evitar el sufrimiento de los hijos a toda costa, pero eliminar todo tipo de dolor es contraproducente. El niño acudirá ante cada problema a sus padres a que se lo resuelvan, no haciéndolo el mismo.

Pongamos el caso de un centro comercial donde un niño coge una rabieta ante la negativa de sus padres por comprarle un juguete. Lo más fácil para los padres es comprarle el juguete y que pare de llorar. Sin embargo, esto crea en el niño la idea de que para conseguir algo, sólo necesita llorar y patalear un poco, y lo tiene conseguido.

Educarles en que no siempre van a conseguir lo que quieren es vital para su desarrollo, ya que, en caso de proporcionarles siempre solución a todos los problemas, en el futuro los convertirá en personas incapaces de sobrevivir por sí mismas.

Llamarán a sus padres ante el mínimo electrodoméstico estropeado cuando se independicen, o, peor, seguirán viviendo con sus padres durante muchos años de su adultez al creerse incapaces de sobrevivir sin ellos.

¿Cómo adaptarse a un niño en desarrollo?

Lo primero es informarse sobre la etapa evolutiva en la que se encuentra cada niño. Conocer sus avances y sus limitaciones de forma que los padres puedan proporcionar el soporte adecuado sin interferir en su crecimiento y sin crear limitaciones futuras.

Es importante estimular la autoconfianza de los hijos para que puedan dar el siguiente paso de la escala evolutiva.

Aunque se observe ya cierto apego, es necesario saber que es posible revertirlo, pero esto debe hacerse cuanto antes y con la ayuda de un profesional.

Un psicólogo es la persona más preparada para ayudar a los padres en la reducción de esta sobreprotección, ya que dispone de los conocimientos y herramientas adecuadas y avaladas por estudios científicos.

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