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Gracias al COVID-19 podemos decirle a los demás lo que hacen mal

¿Te apetece dedicarle un ratito a señalar los errores de los demás? Si es así… ¡Aprovecha, este es tu momento! El (la) COVID-19 te lo pone fácil.

Pequeño disclaimer:

  • Este artículo no debe servir (o eso espero) para empoderar a quiénes se saltan las normas de seguridad y contribuyen a empeorar la situación.

Estamos tensos, muy tensos

El clima social provocado por la COVID-19 seguramente no sea el más idóneo: Inmersos en una situación que se prolonga con el paso de los meses, en medio de la incongruencia política y con ganas de recuperar “nuestras vidas”, parece inevitable que la convivencia sufra más colisiones que nunca.

Algunas de estas colisiones comenzaron en la primera parte de la desescalada, en el momento en que podíamos salir a la calle y hacer deporte:

Una mujer le grita a un runner que pasa por su lado “ponte la mascarilla”, a lo que él sin parar y mirando hacia atrás le contesta en el mismo tono “Señora, haciendo deporte no es obligatorio”.

Este tipo de situaciones nos resultan cada vez más familiares y cotidianas: Dos hombres entran a un supermercado uno a más de un metro de él otro, el primero avanza por la puerta y el segundo le grita desde atrás suya: “¡Eh! ¡qué no te has puesto el gel! No tendría ni que decírtelo”. Cuando el segundo avergonzado, vuelve sobre sus pasos y acude a echárselo, resulta que el dispensador estaba agotado.

Independientemente dé, si el primero lo sabía o no, lo que está claro es que él compromiso social con respecto a la pandemia provocada por la COVID-19, es tan versátil como lo somos las personas.

Algo que es indiscutible, es la necesidad de que exista una responsabilidad individual en la lucha contra la pandemia. Cualquiera que vea las noticias de cada día, podrá encontrar cantidad de ejemplos de personas que se están saltando las normas de seguridad más básicas: conductas de riesgo como acudir a fiestas multitudinarias, grupos sociales amplios que se reúnen y no utilizan mascarilla, étc.

Es que la gente…

No si te habrás fijado, pero el incremento de las frases que comienzan por “es que la gente…” ha aumentado exponencialmente en los últimos meses. ¿Qué ocurre con la gente?

La razón por la que he decidido hacer este artículo se debe a un incidente que pude contemplar yo mismo esta semana pasada. Volvía de consulta en metro. Era última hora de la tarde y el metro se encontraba abarrotado como casi siempre a esta hora en Madrid centro.

En el vagón de al lado comenzó a armarse cierto revuelo, una mujer estaba grabando al resto de viajeros y comentando en voz alta la falta de respeto que suponía que las personas viajasen sin apenas guardar distancia.

Un chico joven le contestó si grabar a personas sin su consentimiento no era una falta de respeto también. Y ella le respondió…”es que la gente no debería ir tan pegada”.

¿Concienciamos o agredimos?

Freud, del que no soy especialmente fan, pero que utilizaré para ilustrar esta reflexión, hablaba del concepto “pulsión”. Esto es, a modo resumen, deseos y motivaciones internas que tenemos las personas y que por valores sociales y culturales, no podemos o no debemos expresar.

Existe dos pulsiones principales: la sexualidad y la agresividad. Lo que haríamos entonces con ellas, sería expresarlas a través de “atajos” y maneras socialmente adaptadas.

Una expresión socialmente adaptada de las pulsiones agresivas sería el moralismo. El moralismo no consiste en tener unos valores éticos fuertes, si no en usar la moral cómo instrumento que justifique la agresión hacia los demás.

Además, el moralismo es una forma de expresar superioridad sobre el otro “Lo estás haciendo mal y yo te lo hago saber, puesto que soy mejor que tú”.
Relacionando esto con el tema actual, quizás deberíamos plantearnos, ¿estamos concienciando o agrediendo?

Cuando aquella mujer gritó al corredor por la calle, ¿quería enseñarle o quería hacerle ver que estaba haciendo mal las cosas? ¿es posible que vivamos atentos a ver a quién podemos demostrarle que está haciendo mal las cosas?

Entonces…¿libre albedrío?

¡Ojo! Esto reflexión no es una invitación al “libre albedrío”, cómo he dejado muy claro, considero que la responsabilidad individual es fundamental en la resolución de este problema.

Sin embargo, deberíamos preguntarnos si el problema que tenemos con “la gente”, no es una forma de canalizar nuestra rabia, insatisfacción y frustración personal