Así es como Kiko Matamoros me dió una lección de psicología - Grulla Psiicología y Nutrición
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Así es como Kiko Matamoros me dió una lección de psicología

Este artículo me va a costar mucho. Mucho.

Lo reconozco, yo también sigo el programa La isla de las tentaciones. Podría contarte que lo hago para luego escribir artículos como este, con mensajes profundos, pero la verdad, es que me entretiene.

Me ha costado reconocérmelo, pero es lo que hay.

Para más inri, ahora voy a poner en valor a uno de los colabores del programa que la verdad, nunca ha sido plato de mi devoción: Kiko Matamoros.

A ver, yo no sé cuanto de sincero y honesto hay en todo esto que te voy a contar (seguramente nada o muy poco), pero eso ahora mismo creo que es de lo menos. Quiero comentar contigo una aportación que hizo Kiko en el debate de la isla, independientemente de si cree en lo que dice o no.

La intrahistoria

Era martes por la noche y en mi televisión parpadeaba una realidad: Ya soy un seguidor más de la isla de las tentaciones.

En el programa de aquel día estaba haciendo el clásico debate pre-hoguera. Dicho de otro modo, llevan a tertulianos a meter baza, sacar chismes y hacer leña del árbol caído.

En esta línea, aquel día habían invitado a plató a Melyssa y Tom, dos de los participantes el año pasado en la Isla, los cuales dieron mucho que hablar. La razón por que la fue tan sonada su relación, se debe a que Tom engañó a Melyssa durante su estancia en la isla, generándole así un gran sufrimiento.

Insisto, yo soy muy escéptico con todo esto y me parece que son roles prefabricados, pero eso  no nos tiene que importar para el tema que tenemos entre manos.

El caso, tras una dosis bien medidas de tensión y dramatismo, dieron paso a plató a Melyssa. Los colaboradores olían la sangre, y se abalanzaron sobre ella con el aparente respeto que se supone debemos prestar cuando tenemos a una víctima delante de la que nos queremos aprovechar.

Lo peor es que esta semana seguro que vuelvo a verlo.

El objetivo de dichos tertulianos era poder sacar de ella algún clickbait tipo «Aún no he superado a Tom». Tras varios achuchones, Melyssa acabo reconociendo que olvidar, lo que se dice olvidar, no había olvidado.

Una vez obtenido el titular, llegó el moralismo.

Cual profesionales de la salud mental, los tertulianos le invitaban a perdonar y pasar página para sanar. Bueno, no con estas palabras, pero la esencia del mensaje era este.

Lo peor es que si que había una psicóloga en plato, Arantxa Coca, quién mantenía un discurso similar.

Se puede superar sin perdón

Aquí es donde entró en juego el protagonista del título de este artículo, Kiko Matamoros. En una lluvia de incoherencias, frases hechas y mensajes invalidantes, Matamoros expresó su disconformidad con la idea de que para superar un capítulo donde alguien te ha hecho daño, haya que perdonarle.

Lo que Kiko vino a decir fue qué, si alguien ha sido un H**** de P***, está bien recordar que lo ha sido pese a que no nos quite el sueño por las noches.

Y yo, la verdad, no podría estar más de acuerdo.

Ahora, me voy a poner un poco más serio.

En psicoterapia a menudo trabajamos con personas que han sufrido todo tipo de aberraciones: violaciones, bullying, palizas y un largo etcétera. Esto genera rabia, impotencia, rencor y odio.

Y de hecho, es lo normal.

La psicología del perdón aboga por erradicar estos sentimientos en pro de la propia sanación. Lo que a mí me suena a tratar de quitar de en medio las consideradas emociones negativas y decirle a la gente como debe sentirse ante las cosas que le pasan.

Yo no creo que perdonar a alguien que te haya hecho mucho daño, sea un acto de superación personal. ¿Por que la indiferencia es sinónimo de curación?

Oye, si llega de manera natural, pues genial. Pero si no, que nos dejen cagarnos en todos aquellos que han sido crueles y desconsiderados con nosotros.

Y a seguir viviendo.

Esto sólo es el comienzo

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