▷ Definición de falocentrismo: una evolución estancada (2020)
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Definición de falocentrismo: una evolución estancada

Pensábamos que la tierra giraba entorno al sol, pero no, lo hace entorno al pene. En este artículo te explicaré la definición e implicaciones del falocentrismo.

Concepto y definición de falocentrismo

El concepto falocentrismo comenzó a abrirse paso de la mano del filósofo francés Jacqués Derrida (1903-1904). El movimiento nace como una crítica a la teoría psicoanalítica de Lacan.

Etimología del falocentrismo

Sin embargo, es Freud quién mediante su teoría psicoanalítica coloca por primera vez al miembro reproductor masculino, en el centro y origen de las cuestiones psíquicas y sexuales.

En ella, Freud entrega todo el protagonismo sexual al pene, siendo este el eje de toda la potencia sexual y catalogando a la mujer como alguien carente de sexo (castrada). Introduce el término envidia fálica para hablar del deseo insatisfecho de tener pene.

Si esto ocurría en el siglo XX, nuestra evolución permanece estancada. Aunque en psicología existan nuevos modelos de comprensión del ser humano, nuestra sexualidad sigue marcada por una clara presencia falocéntrica.

Sexualidad y falocentrismo

El falocentrismo sexual consiste en la creencia de que una experiencia sexual depende del pene, simplificando en una mota de polvo, todo un universo.

Cuestiones como el tamaño o el grado de erección, son el abismo que se abre en la mente de un hombre entre decirse así mismo que es buen o mal amante.

Durante una charla distendida sobre sexualidad en un bar, una mujer nos comentaba:

Los hombres en la cama os comportáis de dos maneras: si estáis orgullosos de vuestro pene pensáis que ya está todo hecho, y si no, os entra a la ansiedad y sólo os importa si estáis a la altura.

Cuando nos miramos el pene, tanto para sentir gratitud como decepción, perdemos de vista a la otra persona. Nos olvidamos que la sexualidad es un acto complejo, qué aunque se produzca en el espacio de un vínculo efímero, continua habiendo un lazo emocional. Y sobre todo, que jamás deberíamos construir nuestra identidad entorno a una… ¿capacidad sexual?

El mito del empotrador

Aun hoy día se sigue responsabilizando al hombre de que una experiencia sexual resulte satisfactoria. En la esquemática clásica: un hombre puede disfrutar egoístamente del sexo si da la talla, mientras que la mujer debe evaluar las capacidades del mismo, pero no puede buscar activamente su placer y debe conformarse con lo que llegue.

“Los hombres en la cama os comportáis de dos maneras: si estáis orgullosos de vuestro pene pensáis que ya está todo hecho, y si no, os entra a la ansiedad y sólo os importa si estáis a la altura.”

— Compañera anónima

¿El tamaño importa?

Quizás el problema haya sido tratar de contestar esta pregunta. La sexualidad es una obra completa repleta de miles de elementos, juzgar la parte por el todo debería ser un error.

Alguien cercano a mí me preguntaba en calidad de psicólogo, y con una gran angustia, ¿la gente puede saber sólo con mirarte si la tienes pequeña?, mientras se miraba las manos y sufría porque pudieran descubrir su pecado.

Quizás hablar de penes sea un tema jocoso, pero la realidad es que muchos hombres viven este asunto con gran sufrimiento.

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Orígenes evolutivos

La definición de falocentrismo no siempre se ha mantenido estable en el tiempo, vamos a ver de donde viene todo esto:

Una vez leí un artículo que daba una visión antropológica sobre porque los hombres mandamos fotos de nuestro pene, sobre todo, cuando alguien no nos “da bola”. El articulo explicaba qué en la antigüedad, la erección era considerada un símbolo de poder, y que dicha conducta en parte está integrada en nuestro manual genético de soluciones.

De nuevo, observamos una evolución estancada, donde la identidad masculina se construye en el poder, la sumisión del otro y la supremacía.Quizás debiésemos preguntarnos, ¿Cuál es la clase de hombre que quiero ser?

Avanzar hacia nuevos tipos de masculinidades que nos permitan formatos más flexibles, más realistas y que estén abonados por “ser ese tipo de hombre que rompe con la masculinidad tradicional”.

El feminismo como contra partida al falocentrismo

Si bien la actitud falocéntrica presiona al hombre, también olvida a la mujer. Históricamente la mujer ha vivido encorsetada sexualmente, siendo la sexualidad un bien del que tan sólo estaba bien visto disfrutar en un escenario compartido y de cara a cumplir con el de enfrente.

Ese rol pasivo que tradicionalmente se ha atribuido a la mujer, le impide expresar con plena libertad sus deseos, inquietudes y apetencias. Le impide pedir lo que le gusta o buscar lo que quiere.

El falocentrismo se ha convertido en una diana feminista, siendo cada vez más las mujeres y hombres que entienden que el sexo es una cosa de dos, un acto compartido de generosidad y placer. Y que sí es de una, también es bienvenido, ya que la masturbación no es un derecho reservado al hombre.

Teniendo claro qué, el objetivo no es que las mujeres deban expresar una conducta hipersexual para sentirse libres, sino qué, puedan expresar la conducta sexual o no que les plazca.