Tu cuerpo parece no responderte:
Sientes que, hagas lo que hagas con la alimentación, tu peso no varía o aumenta sin motivo. Esa sensación de “metabolismo roto” genera una frustración constante.
La montaña rusa del hambre y la energía:
Vives con antojos intensos (especialmente de dulce) y bajones de energía que te dejan agotada a mitad del día. No es pereza, es la resistencia a la insulina hablando.
Guerra con tu imagen corporal
El acné, el vello donde no debería estar o la caída del cabello afectan a tu seguridad. Sientes que tu cuerpo te ha traicionado y evitas mirarte al espejo.